
¡A cocinar! (Bueno, en este caso, mi amiga Stephanie cocina, yo saco fotos). Lo primero es cocinar la fruta con azúcar. Mientras tanto, se dispone la masa. (Una copa de vino no viene mal).

Luego viene el tradicional repulgue, y unos tajos para que la cosa no explote en el horno.

Et voilá. Un pastel digno de Homer Simpson.

Saskatoon es también el nombre de la ciudad más populosa (aunque no la capital) de la vecina provincia de Saskatchewan ("saskáchuan"), al este de Alberta. Ambos son nombres indígenas, el primero del fruto, y el segundo del río del mismo nombre, que significa "aguas rápidas". Saskatchewan tiene un terreno muy llano, que podríamos llamar pampa. El chiste clásico es que se puede mirar a un perro correr por un día entero sin perderlo de vista, y si uno se sube a una silla, dos días.
Este fruto es un ingrediente importante de una comida inventada por los indígenas de estas partes, llamada pemmican ("pémican"), que consiste en una mezcla de carne seca hecha polvo (puede ser búfalo, alce, ciervo, lo que haya), y grasa, por partes iguales, a lo que se agrega por ejemplo saskatoons. Muy nutritivo, especialmente para pasar el invierno. ¡Los colonizadores europeos aprendieron rápidamente el valor del pemmican! En realidad, la historia de la colonización de Canadá es al principio una de colaboración entre los indígenas y los europeos, que les sirvió a éstos para no morirse de frío y de hambre. Los indígenas salieron más bien perdiendo de esta colaboración, pero salvo una rebelión a fines del siglo 19 precisamente en la provincia de Saskatchewan, no hubo realmente guerra abierta entre indígenas y europeos a diferencia de los Estados Unidos. He leído de una teoría interesante sobre cómo esa colaboración afectó la cultura de los descendientes de esos colonos europeos, pero eso será tema de otra entrada.
Hay que ver todo lo que surge cuando uno va de paseo al borde del río y cosecha unos frutitos colorados.


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