miércoles, 19 de agosto de 2009

Atardecer

Fuimos a caminar a un lugar adonde no solemos ir muy a menudo, directamente al oeste de la ciudad, a una hora, hora y media. En esa dirección no hay montañas muy altas, es el pie de las Rockies, muy verde y boscoso. Ibamos en busca de un sendero que venía recomendado por su abundancia de flores.

El camino merodeaba por la ladera de la montaña. Hacia arriba, prado y bosque; hacia abajo, el cañón profundo de un río caudaloso, Sheep River. Llovía intermitentemente cuando llegamos, y paramos al borde del camino para mirar la lluvia, y algunos paseantes: dos pescadores que bajaron al río, y una pareja que descendió del auto para disponerse a andar en bicicleta, con un diminuto perro salchicha a quienes observamos durante sus interminables preparativos, preguntándonos qué harían con el perro cuando se decidieran a emprender camino. El perro resultó tener su propia mochila, asomando el hocico por detrás del hombro del dueño. Una manada de vacas pastaba sobre la ladera de la montaña.

Paró de llover y aunque el cielo estaba oscuro, decidimos que no habíamos ido hasta ahí para no caminar, y nos largamos a subir por el sendero. Era cierto lo de las flores, y pronto llegamos al filo de la colina, ya en el bosque. Entonces comenzó la tormenta eléctrica.

Bajamos rapidito de la montaña, ya bajo un aguacero y con relámpagos lejos, pero en todas las direcciones, tratando de recordar las recomendaciones en caso de tormenta. No estar cerca de árboles - difícil en medio de un bosque - y si los rayos caen cerca, tirarse al piso en un claro, y tratar de no conducir electricidad. Las instrucciones no decían nada acerca de las vacas, que evidentemente gustaban de amontonarse en el sendero, y nos miraban disgustadas sin ninguna gana de apartarse.

No llegó tan cerca la tormenta, pero sí nos empapamos, y estoy seguro que una vaca marrón bastante mal entrazada me insultó.

De vuelta en el auto, por supuesto paró de llover. Decidimos seguir un poco más en la misma dirección antes de volver a la ciudad, y llegamos a un punto donde había una muy buena vista del río, así que paramos para estirar las piernas y descansar. Así fue como llegamos al borde del cañón del Sheep River, con el sol del atardecer a ras del suelo, y la humedad subiendo del bosque, creando pequeñas nubes sobre las puntas de los árboles. Y entonces trepó por la pared del cañón una cabra, en busca del pasto verde de la pradera.

Estas cabras se llaman en inglés Bighorn Sheep, que quiere decir cabra de cuernos grandes. "Sheep" es una palabra que uno asocia con ovejas más que cabras, pero así se llaman. Wikipedia dice que llegaron aquí hace 750,000 años, cruzando el estrecho de Bering. Son animales grandes - el ejemplar de la foto parece ser un macho joven, y la foto es sacada a una distancia considerable - , llegando a los 140 kilos. Han sido muy decimadas por la agricultura y las enfermedades, e increíblemente hay quienes las cazan hoy en día.

Valió la pena empaparse y correr por el barro para llegar a ver este hermoso animal en una hermosa puesta de sol.

Saqué un par de fotos más esa tarde, que pueden ver en mi coleeción de Picasa ("Picasa photostream" a la derecha de esta columna).

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