De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: Stephanie, Cindy, Greg, Jon, la República Argentina, un hincha de Boca, Maria, Brian, y Verónica.
No por estar en el Gran Norte Blanco dejamos de recordar que este año se cumplen los primeros 200 años de las Provincias Unidas del Sur. Y bastan dos argentinos para organizar una fiesta. En este caso, la compatriota Verónica Piñero y yo unimos fuerzas para festejar el bicentenario en el jardín de Stephanie, con un alegre grupo de simpatizantes canadienses. Verónica estuvo a cargo de las empanadas y el arroz con leche (increíbles), mientras yo preparaba choripanes, y compartía generosamente el dulce de leche que me había llevado toda la mañana encontrar. Nuestros aliados aportaron vino (argentino por supuesto, el Malbec es todo un éxito en el GNB), y ensaladas.
A la hora señalada nos concentramos en el jardín. Yo icé la bandera argentina que había comprado de liquidación después del último mundial por $5, en la terraza de Stephanie, declarándola territorio argentino y apoderándome de la parrilla. El otro símbolo patrio que teníamos era mi camiseta de Boca, en representación, como es sabido, de la mitad más uno del país.
La celebración fue muy exitosa. Nuestros aliados canadienses eran Jon, el marido de Verónica; Brian, abogado especializado en derechos humanos oriundo de la costa este de Canadá, donde hablan un dialecto misterioso que recuerda el inglés; Greg, abogado también, especialista en cuestiones de copyright y profesor de la Facultad de Derecho local, y su esposa María, embajadora en países del Africa; Cindy, angustiada empleada de una empresa financiera y poeta; y Stephanie, que durante los días de semana es administradora de un instituto de derechos civiles en la universidad local, donde trabaja Brian y hasta hace poco Cindy, y sueña con tener algún día su propia florería, y tener más tiempo para pintar. Verónica también es abogada, y también está trabajando en el instituto de Stephanie, donde la conocí.
Todos se interesaron mucho por la historia del 25 de mayo, y se alegraron mucho cuando les dijimos que dentro de seis años tendremos otra fiesta igual. También se comieron casi todas las empanadas, y le dieron un saque impresionante al arroz con leche. Solamente hubo un momento tenso cuando alguien pidió ketchup y mostaza para los chorizos, y me tuve que poner firme.
El día fue hermoso, y todos levantamos nuestras copas para brindar a la patria lejana. En su bicentenario, al gran pueblo argentino, salud.







