jueves, 10 de septiembre de 2009
¡Largaron!
Tenía que suceder ... se terminó el verano. Ayer comenzaron de nuevo las clases en la Universidad de Calgary. Miles de estudiantes desparramados por el centro de estudiantes al mediodía, en la librería comprando textos, o por afuera corriendo a clase o simplemente tomando sol. Y yo corriendo entre medio, tratando de no llevarme a nadie por delante, nunca del todo listo para esto a pesar de los años. Corro a mi clase de mecánica para estudiantes de física y de astrofísica, que rebosan de entusiasmo, felices de estar por fin en la universidad. Luego corro a mi clase de segundo año para ingenieros, para hablar de rayos de luz y ondas de sonido. Están nerviosos y alertas, saben que les espera otro año duro de mucho trabajo en poco tiempo. Temprano a la mañana me juntaré con un puñado de estudiantes de astrofísica. Nos sumergiremos contentos en los detalles del funcionamiento de telescopios y cámaras. Más adelante hablaremos de elipses y parábolas, y de planetas y rocas volando por el espacio. Y caminando por los pasillos, iré pensando en algún proyecto para mi curso a distancia de astronomía, para estudiantes curiosos de psicología, de arte, de ciencias políticas, de cualquier cosa menos ciencia.
El otoño es tan corto ... Días de cielo azulísimo y sol, aire fresco especialmente temprano a la mañana, y luego los árboles amarillos y después las veredas y las calles amarillas. Todavía hay tiempo de huir a las montañas los fines de semana, y disfrutar del aire frío y el sol tibio, el silencio y el perfume de los pinos, el sol bajo y el atardecer temprano. Tanta belleza.




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